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MARÍA EN MI VIDA

 

 

Esta es mi historia de vida

 

 

            A la edad de diez años, en la fecha de mi cumpleaños, un 4 de Agosto de 1962, María se hizo presente. Yo la recibí sin miedo, pues era algo que desde siempre había visto. Al pasar de los años sus visitas eran frecuentes, pero yo tenía que mantenerme en silencio pedido por ella.

 

            A los doce años estuve internada en el Hospital   con Pleuresía, en la Nursery del mismo, atendida por los Dres. Pugan y Puig. Fui llevada ahí por el Dr. Joaquín Fernandez, Médico reconocido en la zona y Director del Hospital. Mi cuadro era grave, y la Nursery era el mejor lugar para llevarme pues tenía una temperatura constante. Es ahí por las noches donde María se hacía presente, la Señora de Blanco, como yo la llamaba. Por las noches me cuidaba mi tía Elena, fallecida ya, y era quien me ayudaba a levantarme, y aparecía María, la cual me hacía poner mis manos sobre los bebés y sanarlos. Así durante todo el tiempo que estuve internada. Mi recuperación fue lenta pero total.

 

            Luego María vino sistemáticamente a mi vida y siempre hablándome y enseñándome cosas, las cuales no me son permitidas revelar. Y así pasó mi vida. Con muchos detalles pero sin entrar en ellos llegaré al Viernes 29 de Marzo de 1991, Viernes Santo. En esa fecha yo estaba muy mal de salud. Mi esposo y mi hija me llevaron a Córdoba, Argentina por pedido mío, al Hotel Portal del Lago en Villa Carlos Paz.

 

            Ese Viernes Santo de 1991, subiendo al Cerro de la Cruz en Villa Carlos Paz, entre las 12:30 y las 13 Hs., yo ya sin aliento y sin fuerzas, vi bajar a una abuela muy mayor. Llevaba una túnica o manto color marrón oscuro que le cubría totalmente la cabeza y todo su cuerpo, iba caminando encorvada y llevaba una rama por bastón. En el lugar había un solo escalón para poder pasar y un trozo de tronco. A mi izquierda el precipicio. Yo le di la mano, la tomé del brazo y de la cintura. Ella se aferró a mí y le dije: “Abuela cuidado, se puede caer, yo la ayudo”, “Por Dios que peligro” dije. Y para gran sorpresa mía, la abuelita levantó lentamente su cara. Yo sólo grité: “¡¡¡Madre, sos María, María Santísima!!!”, a lo cual ella me sonrió y me dijo: “Sí Mabel, soy María Santísima y he venido a la tierra para ti”. Yo sin habla y totalmente conmocionada, por la belleza de su cara y pues la había tocado con mis propias manos y  pude sentir su cuerpo humano, sólo le dije: “Gracias María, no soy digna de ti”. En ese momento la Virgen pasó su mano por mi espalda con mucha firmeza, desde la nuca hasta la cintura. Algo cortante, frío, muy frío, con una energía que mi cuerpo enfermo apenas pudo aguantar. La Virgen me dijo en voz clara y dulce: “Mabel, mi hija, no temas, nada te pasará, he venido a la tierra para ti. Salva serás, y todas las gracias tendrás, no temas hija, te amo, nada te pasará ni nadie te lastimará. Serás respetada. Te amo”. Entré en shock, no podía hablar, quería avisarle a mi esposo Carlos y a mi hija Marisa que estaban a unos metros míos, ambos corrieron para buscarla pues vieron la escena y a la “anciana”. Pero fue en vano, unos segundos más tarde, simplemente había desaparecido. Carlos bajó por el cerro, por el único camino que había, pero tampoco la halló. No había gente en el mismo por el intenso calor que sofocaba ese mediodía. En el único puesto que había en el lugar le dijeron que nadie había bajado por allí.

 

            Mi recuperación fue asombrosa, digámosle milagrosa, y desde ese día María está más que nunca permanentemente a mi lado. Jamás me ha dejado. Ella me dio en ese momento glorioso, la mayor dicha que cualquier humano puede tener, que es la de haber bajado desde los Cielos a sanarme y darme toda su energía y entrega total a Dios.

 

            Tengo una fe inquebrantable y al pasar de los años me ha enseñado muchas cosas, la más sagrada es el saber hablar, pero mejor es escuchar y hablar lo justo.

 

            Ahora soy una mujer de cincuenta y cinco años y recién ahora es por pedido de ella que hablo. Me dio libre albedrío de hacer las entregas de fe a quien yo quiera. Y esa persona, fuera de mi hija y de mi esposo, es el Padre Osvaldo De Piero, al cual le tengo la mayor de las confianzas, pues María fue quien me lo indicó, y yo lo realizaré. Como dice María: “Ya es hora Mabel de que sepan hija mía, ya es hora, hágase mi voluntad”.

 

            Aclaro que desde los doce años he sanado a muchas personas, muchas veces por pedido de las mismas y otras tantas sin que ni siquiera lo supieran, sin interés alguno más que servir a María. Es por eso que no he escrito cada nombre ni cada fecha, hasta que ella me lo solicitó, porque es un constante en mi vida así como su hermoso aroma a rosas, es por eso que luego de tantos años de aprendizaje, de misionar en la fe, es que hablo, solamente lo que la Santísima Virgen María Madre de Jesús quiere que diga, ni una palabra más ni una menos. Así se hará.

 

 

 

 

 

 

 

 

MABEL  RUSSO

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