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Ahora sí es un Ángel Celestial, lleno de luz y entrega total a Dios, dueño de una capacidad de divulgar la fé como nadie, de vivir en gracia plena, de saber cada palabra, cada obra, Salmo, cada detalle de la vida de Nuestro Señor Jesucristo. Como nadie lo he escuchado predicar en la fé, a lo largo de mi aprendizaje, y eso que he escuchado a muchos, pero como a Juan, ninguno. Juan, ¿qué nombre, no?, es mi amigo, nuestro amigo, dueño de todo nuestro respeto, un ser único e irrepetible, un Misionero con letras grabadas en oro y brillantes como la luz divina de la que es dueño, nunca dejó a nadie en el dolor, capaz de pasarse toda la noche sentado en una plaza rezando por un enfermo, por un problema o por su Dios, o recorriendo con su bicicleta de chacra en chacra su tan querida provincia de Entre Ríos, pregonando su fé, siempre con su Biblia como único alimento de su alma. Èl solía decir: "No necesito comer, basta que tenga la mejor comida y bebida, que es la palabra de Dios". Juan, mi hermano en el alma del misionar en la fé, para nosotros tus amigos que te amamos, no lloramos, rezamos, oramos, pues Juan fue llamado por el Señor a su Reino y yo, Mabel, sé que está junto a su Señor Jesucristo. Juan partió. Es duro, muy duro para cualquier mortal, no para él. Él murió con su Biblia y leyendo San Juan 11 Muerte de Lázaro, de esa manera entendemos los Misioneros que es nuestra partida, siempre viviendo la resurección pues Jesús así lo prometió. Su fé le permitió partir en paz, al lugar que él tanto divulgó, al lugar que tanto oró, al Paraíso Celestial. ¿Si lo extrañamos?, sí, tenemos el corazón vacío pero el alma llena de gozo porque está en el lugar que él quería estar. Es una pérdida irreponible pero es así, nacemos, vivimos, morimos… esa es la vida nuestra, pero él es ahora un Ángel Celestial, lleno de luz, una estrella más en nuestro firmamento. Descansa en paz amigo mío, te la tienes ganada. Fuiste un gran Misionero en la fé, por eso Dios Todopoderoso te llevó junto a él. Siempre estarás junto a nosotros, en nuestros corazones, en cada detalle y rincón de nuestra casa. No pasaste por la vida sin dejar tu huella muy marcada y tu fé inquebrantable. Amigo del alma, el amor a Dios Nuestro Señor es tan grande, es como un gran árbol que tiene muchas ramas, florecen todas, cada cual a su tiempo, Juan es de una de esas ramas, mi hermano del alma pertenecía a la Iglesia Pentecostal, una rama pegada al tronco, así, así era Juan, inseparable de Nuestro Señor.
Juan, nuestro Ángel está con Dios. Descansa en paz amigo del alma. Siempre te amaremos y gracias por haber sido parte fundamental de nuestras vidas, gracias por habernos brindado tu amistad y tus palabras. Descansa en paz amigo del alma, te la tienes merecida, ya no sufres más, estás con Dios.
                                                                   Mabel Russo                         

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